lunes, 7 de abril de 2014

Memorias de África



Llegó el momento. El sol comenzó a acariciar las montañas y el paisaje se tornó amarillo cálido. Una luz africana y una brisa cálida nos conecto en segundos. Fuimos dos náufragos en un mar desierto, dos almas perdidas en la inmensidad de la noche.

Sentí las ramas de tus brazos a mí alrededor y un instante de felicidad sacudió mi cuerpo. Tus destellos nublaron mi vista y turbaron mi espíritu. Pronto este paraíso celestial se difuminó como lo hacen los sueños y ahora sólo guardo este recuerdo de ti.

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