Llegó
el momento. El sol comenzó a acariciar las montañas y el paisaje se tornó
amarillo cálido. Una luz africana y una brisa cálida nos conecto en segundos.
Fuimos dos náufragos en un mar desierto, dos almas perdidas en la inmensidad de
la noche.
Sentí
las ramas de tus brazos a mí alrededor y un instante de felicidad sacudió mi
cuerpo. Tus destellos nublaron mi vista y turbaron mi espíritu. Pronto este
paraíso celestial se difuminó como lo hacen los sueños y ahora sólo guardo este
recuerdo de ti.
Si la foto es espectacular el texto no se queda atrás!!!
ResponderEliminarGracias Oscar
ResponderEliminarJusto anoche vi la película.
ResponderEliminarPrecioso
Me encantó. Tu relato te transporta. Te animo a seguir.
ResponderEliminarMuchas gracias Maite, agradezco tus palabras
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