Llegó
el momento. El sol comenzó a acariciar las montañas y el paisaje se tornó
amarillo cálido. Una luz africana y una brisa cálida nos conecto en segundos.
Fuimos dos náufragos en un mar desierto, dos almas perdidas en la inmensidad de
la noche.
Sentí
las ramas de tus brazos a mí alrededor y un instante de felicidad sacudió mi
cuerpo. Tus destellos nublaron mi vista y turbaron mi espíritu. Pronto este
paraíso celestial se difuminó como lo hacen los sueños y ahora sólo guardo este
recuerdo de ti.
