viernes, 5 de diciembre de 2014

Adela


Se llamaba Adela, tenía cuello de garza, porte serio y elegante y pasaba de los cuarenta. Él, era su alumno, un chico tímido y retraído, cuyo mundo era la casa y la escuela. Hasta allí había llegado huyendo de un caótico centro público.

Nada más conocer a Adela, supo que era una persona especial, de esas que rara vez la vida te pone en el camino. Pronto, trazaron líneas paralelas de complicidad. Ella, le quería y disfrutaba como alumno, siempre callado y abnegado; él la sentía y disfrutaba en cada clase.

Los martes y jueves, tocaba literatura, eran los mejores días de la semana. Nada más despertar, sin la ayuda del café, su corazón parecía revivir. Su delgado cuerpo temblaba presa de la emoción y de sentimientos incontrolables. Las inflexiones de su voz, su largo cuello y el movimiento de su pelo conseguían turbarle y estremecerle. Nada podía calmar esa ansiedad.

Entre Lope de Vega y Shakespeare, nunca había tenido tanto interés por la literatura, sus clases eran como terrones de azúcar que se entregaban a endulzar su boca y le hacían perder la noción del tiempo. Tan ensimismado y entregado a la situación, que a veces dejaba de escuchar e imaginaba estar solo con ella.

A pesar de ser dos líneas paralelas, él sentía la felicidad del que se sabe comprendido y amado. Dichoso y agradecido por gozar de una de esas personas que le había descubierto lo grande y turbador que es amar. Jamás pudo pronunciar su nombre sin ruborizarse y apenas consiguió charlar con ella un par de veces fuera de las aulas.

En una ocasión, le preguntó si tenía novia o salía con alguna chica. Él preso de la vergüenza fue incapaz de articular palabra. Adela entonces volvió a sorprenderle deslizando los nombres de dos alumnas que le habían confesado sentirse atraídas por él. Con un fugaz agradecimiento desapareció turbado mezclándose entre el resto de alumnos. Antes, ella le relató haber sufrido un desengaño amoroso que le llevó a cerrar para siempre su corazón.

Dos años después el azar les volvió a reunir. En una soleada y calurosa mañana de junio, se volvieron a encontrar. Adela estaba junto al director del colegio y a la jefa de estudios, nada más verle le regaló un efusivo abrazo por su magnifica nota en literatura. Eran los resultados de selectividad. Momentos después desapareció, y solo quedó su recuerdo.




3 comentarios:

  1. Uffff. El amor que todo lo envuelve, que nos hace transportarnos a otros momentos, a otras edades, con otras personas. Y la vergüenza y la pena de no decir, de no hacer. Perder el tiempo o ganarlo. Qué difícil todo...
    Precioso!!!

    ResponderEliminar
  2. Gracias por la visita y comentario, buen puente Mayte!!

    ResponderEliminar
  3. Maca, qué sacaste en literatura en selectividad?
    Bonita historia compañero, piensa lo de escribir el libro, ya sabes que yo lo maqueto ;-)

    ResponderEliminar